viernes, 5 de febrero de 2010

Que lo urgente no te impida hacer lo importante


En algún lugar leí que los mejores años de la vida de nuestros hijos, lo que serán sus mejores recuerdos, están en nuestras manos, por lo que el camino para conseguir el objetivo de educarles debe ser una carrera de fondo agradable, alegre y, sobre todo, feliz para ambos. Ellos, los adultos que serán, se lo merecen.
 
Cada vez es más difícil disfrutar de nuestra condición de padres. Hay quienes tienen la virtud, cuando les corresponde, de aparcar todas sus preocupaciones y centrarse en la compañía de sus hijos. Pero no nos engañemos, la mayoría de los mortales estamos agotados y cuando abordamos la labor, no sólo de educar, sino de disfrutar de nuestros hijos, de prestarles la atención que se merecen con alegría y buen humor, se nos antoja una cruzada cuasi imposible de culminar. Yo me he preguntado muchas veces qué puedo hacer para cambiar este torbellino de obligaciones de toda índole en las que nos vemos inmersos en el día a día y que consigue que perdamos la perspectiva de lo realmente importante en la vida, así como la realidad de que la felicidad hay que encontrarla en el camino y no en ningún resultado. No me cabe duda de que el día en que nuestros hijos sean adultos y emprendan su propia vida, en nuestro recuerdo quedarán estos agotadores momentos como los más maravillosos de nuestra existencia y, entonces, echaremos profundamente de menos su compañía, alegría, inocencia y capacidad de sorprenderse de todo lo que les rodea. He llegado a la conclusión de que debemos empezar por proponernos cada día mejorar como padres, disfrutarlo y transmitir a nuestros hijos lo afortunados que nos sentimos por su existencia y compañía.
Algún día será demasiado tarde porque Peter, independientemente del tipo de niñez que le hayamos brindado, tendrá que crecer y, entonces, sólo nos quedará su recuerdo.